martes, 25 de septiembre de 2007

Los Dulces Nombres VI

Y aquí me tienes, mar, de nuevo,
aquí me tienes
oh, submarino corazón,
oh, genésica alegre sementera,
piafante luz y mano empueblecida.
Dulcemente mi piel engaviotiza,
púlsame lento, mar, ay, como un arpa,
acúname,
mastúrbame,
empavésame.
Quiero ser otra vez las intemperies
y las rudimentarias sumisiones.
Reconocerme
bajo el sol bramador ay, desnudarme
en su fulgir de oro.

Como ninguno otro, deseo ver de nuevo
las húmedas aldeas de la orilla,
y las redes chorreando peces suplicatorio
y la lluvia de luz y de los estuarios,
el azul derramando de su copa;
el prestigio naval y las barcazas
inmóviles, saciadas,
y lejanas las dunas lentejuelas.

Seré pastor de arcángeles barqueros
y comunal recolector de aromas;
iré cantando mi vejez primera
con esta boca salitrada y pobre
sobre el aguacaudal.
Juntaté en una vara mis palabras
y prendiéndoles fuego,
arderán hacia ti como una llama florecida
los serpenteos del poema;
juvenéceme,
mírame como soy,
invítame a cruzar esta frontera,
yo soy lo que arde, mar, soy el que aguarda,
y aún estoy
con los brazos
extendidos.

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