Para hacer este canto me bastó el mar. No siente.
Pero está. No lo sabe. Es.
Yo soy, yo siento, estoy, lo sé.
Sin ti.
Puede el mar empezar cada segundo su menester.
Pero tú –mientras cuelga el día, óptimo,
selecto cazador-
pasas, esplendes como el mar y no escuchas.
Eres. Pero sí sabes. Y nada más el mar…
No sientes.
Donde tú estás
simplemente no estás.
Eres aquí en el viento y ciento eres.
Digo tu nombre que no sé-
Por salvarme de ti salgo a correr las islas,
y, de pronto, tu aroma, tan lejano,
va conmigo.
Está, sin ti, mi corazón vació,
y me hundo, me hundo, y a donde soy no sé.
porque no eres.
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