miércoles, 29 de agosto de 2007

Llanto por la muerte de un perro (Abigael Bohorquez)

Hoy me llegó una carta de mi madre
y me dice entre otras cosas ⎯besos y palabras⎯
que alguien mató a mi perro

“ladrándole a la muerte
como antes a la luna y al silencio
el perro abandonó la casa de su cuerpo
⎯me cuenta⎯
y se fue tras de su alma
con un paso extraviado y generoso
el miércoles pasado.
no supimos la causa de su sangre,
llegó chorreando angustia
tambaleándose,
arrastrándose va así con su aullido
como sí desde su paisaje desgarrado
hubiera querido despedirse de nosotros,
tristemente tendido quedó ⎯blanco y quebrado⎯
a los pies de la que antes fue tu cama de fierro.
“Lo hemos llorado mucho...”
y por qué no?
yo también lo he llorado.
La muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla
y engaña y ríe y asesina.
Mi perro siendo perro no mordía,
Mi perro no envidiaba ni mordía,
No engañaba ni mordía,
como los que no siendo perros
descuartizan,
destazan,
muerden,
en las magistraturas,
en las fábricas,
en los ingenios,
en las fundiciones,
al obrero,
al empleado,
al “mozo”,
al mecanógrafo,
a la costurera,
hombre, mujer,
adolescente o vieja.



Mi perro era corriente
humilde ciudadano del ladrido-carrera,
mi perro no tenía argolla en el pescuezo
ni listón, ni sonaja,
pero era bullanguero, enamorado y fiero.
A los siete años tuvo escarlatina
y por aquello del llanto y capricho
de estar pidiendo dinero a cada rato
me trajeron al perro de muy lejos
en una caja de zapatos. Era
minúsculo y sencillo como el trigo,
luego fue creciendo admirado y displicente
al par de mis tobillos y mi sexo,
supo de mi primera lágrima:
la novia que partía,
la novia de las trenzas de racimo y la voz de lirio.
supo de mi primer poema balbuceante
cuando murió mi abuela,
el perro fue en su tiempo de ladridos
mi amigo más amigo.
“ladrándole a la muerte
como antes a la luna y al silencio
el perro abandonó la casa de su cuerpo
⎯dice mi madre⎯
y se fue tras de su alma⎯los perros tienen alma:
una alma mojadita como un trino⎯
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado...”
Ay, en esta triste tristeza en que me hundo
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla.
y extorsiona
discrimina
burla.
mi perro era corriente
pero dejaba un corazón por huella.
no tenía ni argolla ni sonaja
pero sus ojos eran dos panderos.
no tenía listón en el pescuezo
pero tenía un corazón por cola,
y era la paz de sus orejas largas
dos lenguas
de diamantes.

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