martes, 25 de septiembre de 2007

Jugosa Mordedura

Jugosa mordedura,
lamida sabia en tus testículos,
succión opresa entre mis labios
que hacen de ti fruta debida, vida,
mientras gimes, y ofreces
todo lo que de ti se avidecina y urge:
ascensión a tu ombligo,
a tus pezones ninfas,
a tu cuello,
a tus labios,
a tu oreja de manantial oscuro,
a tu final estrago donde escancio
tu juventud bestiosa,
donde te magnificas
y pides paz y se hace la ternura.

Frecuentar los hoteles
es olvidar qué fuimos allá afuera,
por cuál camino de entresueños
no me dejas dormir,
por qué razón padezco y me padeces
el pecado, el estigma
de estar hombres en el amor,
la expiración delictua,
la agonía
el santísimo entierro
en el que sabe cuál de los dos
murió primero.

Frecuentare los hoteles
pudiera ser
ir a los cementerios mucho mucho
-donde no estemos nunca-
porque otros se amortajaron antes
con estas mismas sábanas apitafiales.
Estoy a punto de vivir el sueño
morir...dormir....dormir...tal vez coger
y te me ofrece, jugosa mordedura,
lamida sabia en tu segundo viaje.
De todos modos,
enciende, amor, la luz,
a ver si todavía estamos en el cuarto,
o habremos de nacernos nuevamente
cuando lal uz de apague.

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